Tarde de tranquilidad, algunos le llamarían soledad al hecho de despertar y no querer levantarse, simplemente porque no hay que hacerlo, porque el día está helado y húmedo, porque no hay con quién conversar, pero yo lo siento como una oportunidad para hacer nada, para regocijarme del viento tibio, del sonido de los árboles y sus ramas secas que me traen tu rostro a la memoria y esbozo una sonrisa de forma inconsciente. Aprovecho el día para escuchar la lluvia, para mirar el cielo claro, para ver los colores de lo que me rodea sin esa niebla que espanta la viveza y contornos claros.
Recordaba hace un momento con el sonido
de la ventana a las noches de invierno en Talca, volviendo del
colegio con el viento empujándome, la lluvia que sorteaba el gorro
de un parca gigante para mojarme la cara, la mochila en la espalda
que me hacía caminar encorvado y el viento nuevamente creando
melodías con los cables, desnudando a los árboles, creando sonidos
de ramas resquebrajadas, caminando por calles que en mi vida vi
cubiertas de agua, recuerdo esa vereda levantada que podría caminar
con los ojos cerrados sin tropezar en un solo lado, aun cuando las
hojas secas la cubrieran por completo, donde me empecinaba por
caminar pegado a esa pared rosada para escuchar las hojas crujir bajo
mis pies, y llegaba a mi casa en solitario a encender esa vieja
estufa a parafina, a cumplir con mis deberes escolares sin necesidad
de supervisión, a ayudar en el orden hogareño y preparar la mesa
para una once en solitario. Pudiesen ser estos recuerdos algo amargos
según algunos, yo creo que son los mas dulces que puede guardar un
niño de 7 años, cara redondeada, piernas flacas, parca gigante,
mochila pesada, con un caminar inocente, lleno de felicidad, pelo
mojado y que sin embargo jamás tembló de frío, porque nunca le dio
oportunidad a éste de que hiciera mella en su sonrisa. Parte de él
aún queda, tal vez se han perdido algunas cosas, pero sigo
disfrutando de las tardes de lluvia y soledad, del viento que empuja
la ventana y aviva el fuego de los recuerdos, a veces… y solo a
veces… puedo volver a pisar las hojas con esa misma sonrisa que
tuve de niño inocente y sentirme tan invisible como siempre he
querido ser. Agradezco tener mi memoria en plenitud, agradezco ser
capaz de poder expresar esos momentos, sin duda alguna soy capaz de
viajar en el tiempo… con el tiempo.

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