Thursday, August 16, 2012

Viajes en el tiempo




Tarde de tranquilidad, algunos le llamarían soledad al hecho de despertar y no querer levantarse, simplemente porque no hay que hacerlo, porque el día está helado y húmedo, porque no hay con quién conversar, pero yo lo siento como una oportunidad para hacer nada, para regocijarme del viento tibio, del sonido de los árboles y sus ramas secas que me traen tu rostro a la memoria y esbozo una sonrisa de forma inconsciente. Aprovecho el día para escuchar la lluvia, para mirar el cielo claro, para ver los colores de lo que me rodea sin esa niebla que espanta la viveza y contornos claros.

Recordaba hace un momento con el sonido de la ventana a las noches de invierno en Talca, volviendo del colegio con el viento empujándome, la lluvia que sorteaba el gorro de un parca gigante para mojarme la cara, la mochila en la espalda que me hacía caminar encorvado y el viento nuevamente creando melodías con los cables, desnudando a los árboles, creando sonidos de ramas resquebrajadas, caminando por calles que en mi vida vi cubiertas de agua, recuerdo esa vereda levantada que podría caminar con los ojos cerrados sin tropezar en un solo lado, aun cuando las hojas secas la cubrieran por completo, donde me empecinaba por caminar pegado a esa pared rosada para escuchar las hojas crujir bajo mis pies, y llegaba a mi casa en solitario a encender esa vieja estufa a parafina, a cumplir con mis deberes escolares sin necesidad de supervisión, a ayudar en el orden hogareño y preparar la mesa para una once en solitario. Pudiesen ser estos recuerdos algo amargos según algunos, yo creo que son los mas dulces que puede guardar un niño de 7 años, cara redondeada, piernas flacas, parca gigante, mochila pesada, con un caminar inocente, lleno de felicidad, pelo mojado y que sin embargo jamás tembló de frío, porque nunca le dio oportunidad a éste de que hiciera mella en su sonrisa. Parte de él aún queda, tal vez se han perdido algunas cosas, pero sigo disfrutando de las tardes de lluvia y soledad, del viento que empuja la ventana y aviva el fuego de los recuerdos, a veces… y solo a veces… puedo volver a pisar las hojas con esa misma sonrisa que tuve de niño inocente y sentirme tan invisible como siempre he querido ser. Agradezco tener mi memoria en plenitud, agradezco ser capaz de poder expresar esos momentos, sin duda alguna soy capaz de viajar en el tiempo… con el tiempo.

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