Observando
la calle por la cuál camino veo a un hombre, camina a paso firme con una
mochila al parecer bien cargada, en su mano un cigarrillo que va humeando
mientras el avanza casi sin preocuparse de lo que pudiere haber en derredor. Al
cruzar la calle parece mirar con precaución si es que viene un vehículo, y al
corroborar que no es así, simplemente sin importar si es mitad de cuadra
atraviesa. De pronto, su cabeza se voltea súbitamente hacia atrás como si se
hubiese percatado de que no miró bien, cierta expresión de espanto se asoma en
su mirada, para darse cuenta de que estaba solo en medio de la calle y que
ninguna amenaza había para él en ese momento. Su vista baja hacia el pavimento
siempre mirando hacia atrás y una sonrisa parece salir de su boca, mueve su
cabeza de un lado a otro como diciendo “no”, y esta vez su sonrisa es notoria.
Su rostro parece aliviado, y será un reflejo mío por el alivio de saber que
nada le pasó, pero se ve como si esta vez su caminar fuese libre de todo miedo,
se nota cierta alegría en ello, como si no hubiese esfuerzo en aquel
movimiento.
Al
reflexionar acerca de lo que acabo de ver, es lo que creo la tranquilidad de
quién comienza a entender sobre como es que funciona parte de la vida. A veces
puedes intentar tomar todos los resguardos de lo que te rodea, pero nunca
estarás a salvo de ti mismo. Sin embargo al echar una rápida mirada y entender
que no siempre cosas malas son las que nos sorprenden en la vida, de pronto
algo simple nos asusta cuando vamos
caminando y nos regala una sonrisa con las cual nos sentimos ridículos. Esta
noche, creyendo ir atento a lo que mis sentidos me decían y por no prestarle
mayor atención a la alegría inmensa que cargaba en mí, he sido víctima de una
broma para que simplemente lo expresara, me ha asustado mi propia sombra.
Eduardo Carvacho C.

No comments:
Post a Comment